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Conoce a las dos cubanas que tienen títulos nobiliarios

Cierto que la nobleza en Cuba dejó de existir desde 1959, con el triunfo de la Revolución. Sin embargo, estas dos cubanas lograron mantener sus títulos nobiliarios. En un caso, por azares de la vida, y en otro por pura querella judicial.

Condesa de Campo Florido

En 2017, María Elena de Cárdenas logró recuperar sendos títulos nobiliarios luego de tres años de pleito en tribunales. A sus 97 años, el tribunal español reconoció su derecho a los marquesados de Campo Florido y de Bellavista, hasta entonces en manos de la familia Koplowitz, una de las más ricas de España.

Años atrás, la misma cubana había obtenido el marquesado de Almendares, que estaba en poder de un descendiente —nada menos— que del otrora presidente cubano Miguel Mariano Freyre Gómez. En esa oportunidad, la Audiencia Provincial de Madrid falló a favor de Cárdenas y González reconociendo su “mejor y preferente derecho” al título.

En una entrevista concedida a EFE, la marquesa narró que con ella “se da la rareza de tener ascendientes en las tres ramas de los Cárdenas de Cuba, una por cada uno de los tres hermanos de ese apellido, Ignacio, Agustín y Nicolás”. Estos llegaron a la Isla a finales del siglo XVI, asegura.

Al preguntarle por qué reclamó los títulos nobiliarios, por vanidad o por orgullo, «Manana» respondió: «fue el corazón». Asimismo, dijo que su familia no los perdió, “sino que estuvieron inactivos mucho tiempo debido a las circunstancias por las que atravesaron ellos y otros miles de cubanos en la segunda mitad del siglo XX”.

Actualmente, Manana vive en Coral Gables, en los Estados Unidos. A este país llegó con su familia en 1960.

Su Alteza Real, María Teresa de Luxemburgo

María Teresa Mestre Batista es el vivo ejemplo de que los cuentos de hadas sí existen. Nació en La Habana en 1956, y aunque provenía de una familia acaudalada, tal vez nunca pensó que se convertiría en la Gran Duquesa de Luxemburgo.

Luego de su partida de Cuba, María Teresa y su familia vivieron en Nueva York, España, y finalmente en Siuza. Fue allí donde conoció a su esposo, el Gran Duque Heredero de Luxemburgo. Según ha trascendido, la cubana no sabía del título nobiliario de su pareja cuando comenzaron el romance. Lo supo cuando, queriendo sorprenderlo, lo halló en uniforme militar. ¡Y vaya que fue grande la sorpresa!

Sin embargo, de esta historia no tenemos constancia. En la página oficial de la Gran Duquesa de Luxemburgo no se dedica ni una línea a sus orígenes cubanos ni a su historia antes de adquirir el título nobiliario.

De hecho, su web oficial fue motivo de duras observaciones al momento de su lanzamiento. Y es que, a diferencia de las demás páginas de la monarquía luxemburguesa, la suya se dedica exclusivamente a su persona, aficiones, fotos y videos.

En la web se describe como “eminente defensora de los niños”, de los derechos de las mujeres y las niñas, y contra todas las formas de violencia hacia ellas.