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Italia Accedió a Una Final y Ganó su Primera Eurocopa, Gracias a una Moneda.

14 junio, 2024

La historia de la Eurocopa de fútbol está preñada de anécdotas y datos curiosos, sin embargo hay uno que escapa en la actualidad, de la imaginación del más osado.

Ocurrió en la semifinal de la Euro el 5 de junio de 1968, con Italia como sede en el estadio San Paolo, Nápoles, enfrentando a la Unión Soviética.

Los soviéticos habían eliminado a los bambinos dos años antes en el Mundial de Inglaterra, por lo que el seleccionador italiano Ferruccio Valcareggi, que había manifestado que la URSS no era invencible, planteó el encuentro con un fuerte esquema defensivo, buscando anular el talento de sus rivales.

Para colmo de males, una de las grandes estrellas de la “Azzurra”, Gianni Rivera se retiró lesionado a los cinco minutos, y en ese momento no existían los suplentes, por lo tanto no había cambios, así Italia tuvo que jugar todo el encuentro y la prórroga con 10 hombres.

Más dramática se dio la situación, cuando en la prórroga Giancarlo Bercellino también se lesionó y la URSS atacó con todas sus fuerzas, pero se topó con el inconmensurable portero transalpino Dino Zoff.

Tampoco es que los eslavos tuvieran todos sus efectivos, pues antes del encuentro debieron prescindir de dos de sus figuras, Igor Chislenko, autor del GOL de la victoria soviética en el duelo en Inglaterra y el defensor, Murtaz Khurtsilava.

Tras el empate a 0 en el tiempo reglamentario y los dos de la prórroga, había que definir el duelo y para entonces, no estaba reglamentado la decisión por penales.

Ambos capitanes , Albert Shesternev por la URSS y Giacinto Facchetti por Italia, bajaron a los vestuarios junto al árbitro principal del encuentro, el alemán Kurt Tschenscher y los delegados de ambas selecciones.

El momento cumbre lo contó años después de esta manera Facchetti, estelar defensor del Inter de Milán también.

“Me junté con el capitán ruso y fuimos al vestuario juntos, acompañados por dos directivos de las dos selecciones. El árbitro sacó una moneda dorada y yo elegí cruz. Y fue la decisión adecuada porque Italia se clasificó para la final. Subí corriendo las escaleras de un estadio todavía lleno. 70.000 aficionados esperaban el resultado. Con mis celebraciones se dieron cuenta de que podían festejar la victoria italiana”.

Así los bambinos llegaron a la final, en la que debieron de jugar un partido de desempate para derrotar a la entonces Yugoslavia.

Por cierto no fue la única vez en la historia de las grandes competiciones futbolísticas, que una moneda decidió el destino de un equipo.

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